Al gran pueblo argentino salud mental

Al gran pueblo argentino Salud… Mental!
El cuidado, prevención, tratamiento y acompañamiento a las personas que padecen sufrimiento psíquico, ha sido históricamente tema de intersección de diversos espacios. Las sociedades, han intentado abordar este padecimiento desde los elementos que cada tiempo histórico les ha permitido. No ha sido siempre una respuesta homogénea ni unilineal. Más bien ha sido y sigue siendo un espacio de tensiones.
En el principio, religiones, policías y ciencias batallaron fieramente por quien era el propietario de las respuestas acerca del padecimiento mental y su tratamiento.
En los tiempos en los que “Dios ha muerto” – al decir de Nietzsche – y habiendo desplazado de la escena, por lo menos en parte a las respuestas metafísicas y punitivas, finalmente las ciencias médicas dirigieron su atención e intereses – los sublimes y los mezquinos – en laborar fuertemente para obtener el dominio de la acreditación de los saberes y prácticas en lo referente a la Salud Mental frente a los otros saberes igualmente académicos.
Es así que durante mucho tiempo, el espacio que se apropió los discursos específicos acerca del vasto campo de “la locura”, fue la medicina en sus formatos psiquiátricos y neurológicos.
Con el transcurso del tiempo y la progresión de los saberes, dicho campo de injerencia, se amplió al punto de validar en la actualidad, el concepto de interdisciplina. Nos parece muy interesante acercar en este momento, una fragmento de una entrevista realizada al Dr. Emiliano Galende, que puede encontrarse en video bajo el título “Transformaciones políticas e intelectuales en los abordajes en Salud Mental”, donde se señala: “Cuando la gente se enferma, la vida se desorganiza. Y curarse es volver a organizar una vida. Los aspectos que entran en esa vida son muy complejos: hay que tener trabajo, ingreso económico, familia, amigos, inserción dentro de alguna relación social, de algún dispositivo social. Hay que atender toda esa complejidad. Las personas no se curan sólo porque se les alivie la ansiedad o se les calme el delirio; se les cura si la vida se les vuelve a organizar. Y esa es la explicación de por qué es necesario una interdisciplina”
En nuestro país, para hacer realidad este concepto, ha sido fundamental la participación de diversos actores vinculados a esa complejidad que señala Galende, así como también la creación de nuevos instrumentos, como la Ley Nacional de Salud Mental Nº 26657.
Y aquí hay un nuevo desafío: el reconocimiento de la igualdad en dignidad de cada disciplina frente al abordaje de la persona sufriente y el compromiso del Estado en brindar los recursos necesarios para garantizar que el sistema de salud llegue al usuario y materialice su presencia en la sociedad actuando como garante de los derechos humanos de las personas sufrientes.
Estos dos ítems que aquí expresamos, son la cara visible de la profunda y antigua batalla que venimos señalando: quiénes son reconocidos como interlocutores válidos frente al sufrimiento mental. Porque así como la batalla del poder ha sido la batalla por el sentido de las enfermedades mentales (recordemos que recién en 1990 la Organización Mundial de la Salud retiró de su vademécum a la homosexualidad como enfermedad), también la batalla es económica.
Decimos esto porque han existido en nuestro país, ensayos de desmanicomialización mucho antes de la existencia de la Ley Nacional de Salud Mental. El intento de acercarse al tratamiento del padecimiento mental a través de servicios insertos en hospitales polivalentes, no es inédito. De hecho fue un paradigma que batalló fuertemente contra los estándares impuestos que judicializaban y medicalizaban la enfermedad mental.
¿Qué pasó? se preguntarán. Pues bien, triunfó la mercantilización del servicio y la apropiación por parte de un sector, del discurso acerca del saber y la experticia. De este modo, se profundizó el ingreso de casos sociales a los hospitales monovalentes, se agravó la distancia entre el ingreso a la institución y la reincorporación del sujeto a su vida cotidiana, se estigmatizó el padecimiento (debido al procedimiento de judicialización para la internación) y se acrecentaron los espacios privados de atención que sólo ofrecieron un mejor servicio de hotelería. Así, para los sufrientes pobres, el monovalente, para los sufrientes pudientes, la atención privada.
Pero siempre siempre, lo que sigue subyaciendo en este modelo, es que el horizonte de reinserción a la vida en comunidad para el padeciente, es incierto.
La ley deja claramente expresado que el Estado debe dirigir recursos para aquellos que padecen sufrimientos anímicos que los alejan de la vida y la sociedad. También deja en claro que hay un tiempo para que esto se haga realidad. No de capricho, sino como claro mensaje a los verdaderos productores de obstáculos para que esta ley no se materialice rápidamente.
Los fantasmas del cierre de los hospitales monovalentes, desatan un dolor muy profundo en nuestra sociedad: el desempleo. Quienes agitan esta premisa como algo de temer, pretenden sembrar en la comunidad ideas que provocan temor, aun en pleno siglo XXI. Por ejemplo: que la locura paseará libre por las calles, que quienes trabajan en esos hospitales perderán su empleo y que la sociedad estará en riesgo.
Todo lo que hemos venido explicando hasta acá, ha sido un camino de varios siglos. Las sociedades temen a lo que desconocen y más temen aún si quienes se arrogaron durante tanto tiempo la legitimidad para hablar acerca de la locura, son los mismos que dicen que la idea de incluir al servicio de salud mental dentro de cualquier servicio de salud, es un peligro y un desquicio.
Es por esto que el Grupo de Estudio Psicológicos y Sociales, llama a la reflexión a los profesionales propietarios de clínicas de atención de salud mental, a los medios de comunicación y a la comunidad toda a cruzar el puente medieval del paradigma pasado y dar pasos – aunque sea pequeños pasos – hacia la inclusión de la salud mental dentro del generoso y amplio concepto de salud.
Creemos que de este modo, seremos capaces de construir una sociedad más inclusiva, promotora de salud y bienestar.
