Pan, es Todo
Análisis y reflexiones de GEPS acerca de las aulas, las políticas educativas y las infancias en tiempos de sindemia
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Pan, es Todo
La Educación también
El mundo, tal y como lo conocíamos – por lo menos desde la última gran guerra hasta la actualidad, con la emergencia del Estado de Bienestar como referente de las políticas públicas y la persistente contraofensiva capitalista, luego capitalista salvaje y finalmente neoliberal – ya no será. Cuánta vigencia tiene entonces la idea que nos legara Castoriadis, cuando señalaba que el mundo no es “el mundo” o “un mundo” sino es “este mundo”. Siempre en presente. Siempre es Este Mundo. El que vamos construyendo en la medida de nuestras posibilidades, el que emerge del triunfo o de la derrota de los sentidos en disputa, el que se forja a través de las luchas y a través de las catástrofes que tanto la humanidad como la naturaleza, nos propinan.
Lo que hasta ahora ha primado es una fuerza tendiente a la fragmentación. Con el paso del tiempo, se han ido distinguiendo cada vez más las funciones y los roles, las instituciones y los modos del lazo social que mantenemos como humanidad. Y así también, las construcciones edilicias, indicaron el espacio donde se iban desarrollando cada una de las actividades que conforman la dinámica de lo social.
Mucho ha pasado desde aquel tiempo en que se pensó en el chalecito californiano para que el obrero vaya “de la casa al trabajo y del trabajo a la casa” hasta la escuela pública donde la infancia de blanco intentaba reducir las desigualdades y proponer un espacio en el cual no sólo circulaban contenidos, sino que básicamente tenía por función socializar, no de cualquier modo por supuesto, sino por medio del conocimiento (pero sobre todo lo primero, socializar, producir argentinitas y argentinitos).
Aquello que con tanto esmero las sociedades se propusieron construir (edificios para alojar al trabajo, a la salud, a la educación, a la justicia, a los castigados y excluidos por romper las reglas del juego establecidas) fue duramente interpelado en este último año. Ni los más acérrimos exponentes neoliberales pudieron socavar tanto como lo ha hecho la pandemia hoy, los cimientos de esta distribución de la vida.
Porque como dijimos: Pan, es Todo.
Y no sabemos ciertamente si todo, todo, todo, pero sí una gran parte de la vida, debe repensarse y debe hacerse seriamente.
Vemos ahora que lo que conocemos como movimiento ha sido empujado a replegarse. El desplazamiento y la utilización de las construcciones se han resignificado radicalmente. Esto es así, porque la pandemia ha obligado a la reunión en unos pocos espacios, de lo que estaba antes claramente definido: el trabajo, el aprendizaje, el esparcimiento, en definitiva, lo otro y el otro.
Esto ha llevado a que, por un lado, el psiquismo intente movimientos desesperados para hacer pie en algo conocido y esa dinámica está impidiendo ver que somos parte padeciente y activa del potente cambio civilizatorio que estamos transitando. Desde otro ángulo del análisis, las limitaciones políticas y las tensiones entre los poderes concentrados (que lo único que hacen es desgarrar la frágil humanidad convertida en terreno de batalla – porque las guerras no las pelean les generales), no hace más que sumar desasosiego y desamparo en las comunidades en disputa. Pareciera ser que todo vale en esa pugna (discursos decimonónicos, conspiranoicos, arengas libertarias, odas al individualismo y más) donde los muertos se cuentan de a decenas de miles, pero no están. No se los visibiliza. Son invisibles. Como el virus.
Y entonces, DECIR se vuelve un acto de profunda humanidad y de gran responsabilidad. Salir del BLA BLA para exponer con algo de empatía (no decimos racionalidad ni sentido común porque ya sabemos cuánto de disputa hay en esos términos) algunos interrogantes y reflexiones acerca del tiempo en que estamos y el que va viniendo a medida que cada minuto transcurre, es un gesto que – desde GEPS – entendemos como necesario.
Algunas consideraciones
En primer lugar, reconocer que no sabemos qué es la pospandemia o qué se imaginan quienes hablan de ello, o de nueva normalidad o volver a la normalidad. Sí sabemos que el uso del prefijo pos es un excelente vector de fuga para expulsar hacia adelante y hacia afuera este presente ominoso. Si algo así existiese, no lo sabremos hasta que ocurra. Es por eso que nos parece más pertinente pensar desde una perspectiva que contemple el despliegue de la vida humana en un escenario que incluya la vigencia de una nueva endemia. Cierto es, no es una cualquiera. Su furia, virulencia y adaptabilidad va en aumento en cada mutación.
Otra consideración: tenemos el registro de que las sociedades hemos ido aprendiendo paso a paso. Y esto ayuda a entender los tropiezos cuyas consecuencias padecemos hoy. Decimos así debido a que el discurso de los estamentos, ha deslindado en un primer momento a las infancias y juventudes de esta globalización de la catástrofe. Claramente no ha sido acertado. Porque en el imaginario social, se ha creado una idea que sostiene que hay un segmento de la sociedad a salvo. Y lejos de eso, lo que se ha hecho con esa construcción discursiva, es haber extraído un eslabón en la cadena o mejor dicho, disuelto, diluido y por lo tanto, fragilizado y cuestionado los cimientos de la ética del cuidado.
Volvemos a repetir: Pan, es todo.
Y sucedió finalmente que llegó el momento de visibilizar que esos eslabones, son parte de ese todo, que – con mayor o menor padecimiento – integran el ciclo de la catástrofe que padecemos. ¿De qué modo? Cuando se puso definitivamente sobre la mesa, la cuestión de las políticas educativas y el análisis y producción de novedosos procesos pedagógicos que debiéramos haber incluido en la estrategia de cuidados desde el inicio de la pandemia. Más cientistas sociales y profesionales del campo psi unidos a la mirada médica, no le hubiese venido mal a la edificación de políticas de cuidado que seguramente hubiesen resultado más integrales. Pero como dijimos, es día a día. Por eso lo exponemos y por eso escribimos y analizamos aceptando el riesgo, pero con el convencimiento de estar abriendo el campo de análisis y no ocluyéndolo con premisas egoístas.
Para saber acerca de qué estamos hablando
207.682 escuelas (42,5% primarias; 40,1 % preescolar; 16,7% secundaria)
11.349.450 alumnos
1.057.136 docentes
3.600.000 estudiantes secundarios
Más de 1.600.000 estudiantes universitarios
Más de 200.000 profesores universitarios
Fuente: Ministerio de Educación de la Nación 2020
Como verán, aquí no contemplamos al personal no docente (celadores, maestranza, bibliotecarios, buffets, fotocopiadoras, librerías, etc). Recordemos que también forman parte de la Comunidad Educativa.
Preguntas
¿Con qué población se dará inicio al Ciclo Lectivo 2021 dentro de los edificios escolares?
¿Alcanzan las escuelas?
¿Alcanzan les docentes?
¿Alcanzan les celadores y personal de maestranza?
¿Alcanzará el sistema sanitario?
¿Qué porcentaje de la población circulará por los medios públicos de transporte a partir del inicio del Ciclo Lectivo 2021?
¿Cuánto tiempo se estima necesario para vacunar a toda la población?
El cuidado ¿quedará entonces bajo exclusiva responsabilidad de les estudiantes?
¿Niñe que enferma, escuela que cierra?
¿Y entonces?
La invocación a cuidarnos, implicó durante todo este tiempo, la ubicación y control de los cuerpos en su mayoría, alrededor del espacio de la casa – hogar. El trabajo regresó a la casa para desde allí mantener su existencia en forma remota, la educación se desplegó alrededor de la mesa de la cocina y con familiares y docentes sosteniendo a les estudiantes con los recursos que tenían a su alcance y sobre todo, con inagotable imaginación.
Cierto fue que sin las herramientas necesarias, las familias sufrieron un desgaste enorme. Fricciones interpersonales, puesta en riesgo y hasta la pérdida de la fuente laboral, enfrentarse a contenidos que desconocían; el mundo adulto familiar no pudo, no supo o no tuvo los instrumentos para reformular esa consigna que signó durante el último siglo a la institución educativa: socializar por medio del conocimiento.
Todo esto, en medio de batallas mediáticas delirantes: que no hubo clases, que les estudiantes perderán el año, que les docentes no quieren trabajar, que la salud mental de los niños está en juego. De todo se escuchó. Y también se escuchó silencio. Porque allí era el Estado quien debía barajar y dar de nuevo exponiendo una política educativa clara en sintonía con la premisa primera del Estado Nacional: cuidar la vida.
Y como siempre se dijo desde el principio, mirando a otros países, ya tenemos el diario del lunes. Si así fue para muchas decisiones, ¿por qué para la que tiene que ver con la educación no se observa con la misma dedicación?
Tanto la cercanía permanente como la lejanía insalvable, son vectores que conmueven las relaciones humanas. No desconocemos esta premisa. Tampoco desconocemos que la salud mental de toda la población está puesta en juego. Un acontecimiento que irrumpe con la potencia desarticuladora que tiene esta pandemia, nos lleva a revisar todos los sentires, saberes y acciones de las cuales somos capaces. Si pensamos con la lógica patologizadora pre pandemia, estamos fritos. Bajo esa premisa, niñas, niños, adolescentes y jóvenes sí o sí deben salir de sus casas por el terror a la endogamia y la desnutrición psíquica que se alienta en quienes no comparten e interactúan con otros y otras. Ahora bien, ¿qué tenemos para decir de la salud mental o del estado anímico que quedará en esos niños y niñas que serán arrojadas y arrojados a buscar al virus cuando luego de quince días descubran que el mundo adulto (su mundo adulto) está contagiado? Usando la paradoja aplicada a las y los trabajadores de la salud: un mes se los aplaudió y al segundo le ponían carteles en sus edificios para que no entren porque podían llevar el virus (y eso que trabajaban en condiciones de extrema protección dentro de lo posible y les niñes sólo llevarán el guardapolvo, no olvidemos eso)
Por supuesto que es una encrucijada. Por eso se vuelve sumamente necesario resignificar las palabras Presencialidad, Aula, Articulación, Proceso Educativo, Escenario Pedagógico, Contenidos, por decir algunos ejemplos.
Entendemos que no debemos dejar que la disputa por el sentido de la Educación, sea ganada por las premisas y pensamientos más egoístas, que sólo buscan seguir profundizando la disolución del lazo social, alimentando la madre de todas las batallas que es la de pobres contra pobres, la base del “divide y reinarás” es decir, todo lo contrario a la democracia.
Recordemos: Pan, es Todo.
Y todas y todos estamos en este mundo lidiando con lo que nos toca.
Por una ética del cuidado, al servicio de vivir y no sólo transcurrir.
Grupo de Estudios Psicológicos y Sociales
2021

3 comentarios
Querido GEPS: Gracias por el artículo tan necesario, como el pan de cada día, que en este caso no es todo, pero si necesario para cuidarnos y nutrirnos; y, hablando metafóricamente, poniendo pensamiento crítico, empatía -obviamente- y multidisciplinariedad a la hora de intentar acotar lo más posible los discursos individualistas, delirantes, oportunistas (en un año electoral) con los que nos topamos cotidianamente.
Tal cual lo dicen… ESTE mundo, que no será el que era; el que ha llevado lejos a muchos seres queridos porque no era tan difícil la distancia, porque juntando algunos dólares y con algún plan de pago pesificado podíamos volar allende los mares para verlos y abrazarlos… ESE mundo tal vez ya no sea. No quiero ni pensar que no podremos volver a viajar para verlos… Pero sabemos que no será lo mismo.
El querido Daniel Feierstein, cuando nos asolaba el «virus» del anterior gobierno, escribió un libro que se llama «La construcción del enano fascista. Los usos del odio como estrategia política en Argentina». Libro que estoy leyendo y releyendo muy meticulosamente, porque ese TODO que caracterizó a los totalitarismos y que ahora amenaza con un aspecto vinculado a los neofascismos en tanto lesivo al lazo social (no tanto a lo político-ideológico de la lectura que se hacía del fascismo desde la perspectiva marxista) , eso sigue vigente y amenazante. Afortunadamente el tal gobierno no fue reelecto, sino estaríamos contando los muertos en cifras exponencialmente mayores. Pero es cierto que hay ciertos silencios, ciertas confusiones, ciertos puntos ciegos que no se tienen en cuenta -y no es que nos falten cientistas sociales en nuestros pagos…
En fin, queridos, gracias por tan necesario texto y sigamos pensando juntos, sigamos cuidándonos no sólo del virus.
Comparto y me hace sentir menos sólo está reflexión que ustedes expresan. Y hacen sentir menos sólos a los docentes y a la comunidad educativa que se ve tironeada por las agendas de la política del chiquitaje. Es una situación contradictoria, porque por un lado no volver el aula es preventivo frente al avance de la pandemia, pero al mismo tiempo entiendo que hay muchos estudiantes que necesitan volver. Yo trabajo en la educación de Jóvenes y Adultos, y para muchos de estos estudiantes la escuela es un espacio de socialización indispensable, sin ese espacio , a veces, no hay proyecto de vida emancipador. Y ahí el celular, no alcanza. Hace falta salir de la casa. Lamentablemente, el Estado no avanza con crear con las condiciones edicilicias y sanitarias para volver. Les mando un abrazo y gracias por esas palabras, que no son para nada bla bla.
Son importante los interrogantes que plantean, ayudan a pensarnos en esta encrucijada, en estos tiempos. También creo, que la salida o las respuestas no las tenemos, pero la solidaridad, el trabajo para unir, fortalecer y crear lazos sociales más solidarios y una comunidad organizada son algunos de los caminos.